sábado, 20 de diciembre de 2014

El inicio de la pasión

Todos vamos caminando y descubriendo la vida de diferentes formas, yo he recorrido mi vida en dos ruedas, al menos lo he hecho por muchos años ya, y en tanto pedalear he aprendido y conocido más de mi misma que si hubiera ido a terapias, a retiros, o a cualquier otro evento de conocimiento y/o superación. Y la bici no solo me ha costado menos, también creo que los efectos secundarios del deporte son bastante mejores que los de las terapias.

Siempre hay infinidad de opciones en la vida que podemos escoger, yo hace ya más de 20 años me tropece con una bici y... con unos tenis y también con unos goggles y me apasione...tanto que ha sido la única relación  con la que he estado comprometida en las buenas y en las malas y hasta que la muerte nos separe.

Quiero compartir esto con deportistas y con no deportistas. Con los primeros porque van a entender mi pensar y mi sentir en carne propia, y con los segundos porque quisiera que experimentaran, aunque sea a través de mis aventuras,  todo lo que te da el tener una pasión en la vida tan grande como la que tengo yo por el ciclismo y por el triatlón.

Empezaré con mi primer triatlón, porque así empezó mi historia...Y corría el año de 1989 y yo llegue al club con la simple idea de aprender bien a nadar mariposa, era mi estilo favorito (y lo sigue siendo) pero digamos que más parecía  yo un renacuajo que requería un salvavidas que una personita nadando.

El entrenador de natación del club quería hacer un triatlón, yo sabía lo que eso era porque había ido a ver a un amigo algunas veces hacerlo pero siempre considere que eso era para "super hombres y super mujeres" (muy afectados del cerebro, x cierto), por lo que no estaba en mi "bucket list", pero como a todo digo que si, cuando me di cuenta estaba yo con el entrenador de la alberca en el Ocotal intentando correr. No pude dar ni una vuelta completa corriendo, ¡bueno ni trotando! (y solo eran 3 km), y estábamos en Septiembre. A la siguiente semana me llevo a la bici, y no pude ni siquiera subir el Desierto de los Leones (escasos 10 kilómetros), sin requerir respiración artificial.


El triatlón era en Noviembre. Yo me inscribí, organice mi viaje, invite a mi papá para al menos tener un porrista y ahí vamos al matadero. Lo bueno es que la ignorancia y la valentía van de la mano...Yo en el arranque sin haber corrido nunca 10 kilómetros seguidos y mucho menos haber pedaleado 40 kilómetros, ya ni hablemos de juntar todo y después de nadar , o más bien de sobrevivir los 1500 metros de mar y surfeando las olas de Ixtapa que en algunos casos pueden ser bastante intimidantes.

Durante el recorrido que me tomo un poco más de 3 horas (digamos que más cerca de 4), pase por tooodooos los sentimientos que existían, ¡Ni sabía que había tantas cosas que se podían sentir! Física y mentalmente, desde el mayor éxtasis al cruzar la meta hasta el peor arrepentimiento cuando corría (creo que más bien me arrastraba ya que me tomo 1° 20´ el recorrer, no correr, los 10 kms).

 Mi preocupación mayor, como la de la mayoría que hace un evento de este tipo, era no ser la última. No se porque le tenemos tanto miedo a esto, creo que el último se lleva la misma ovación que el primero, pero los otros 500 monitos de en medio ni quien nos pele...No fui la última pero creo que solo llegaron unos 3 o 4 después de mi y la única persona en la meta cuando llegue era mi papá que ya estaba un poco insolado de haber estado paradito esperándome por casi 4 horas. Todo me dolía, el alma, el cerebro (no la cabeza), el cuerpo...Y dije "¡¡NUNCA MAS!!", y 25 años después aquí sigo con miles de aprendizajes de vida que no se si hubiera encontrado si no hubiera hecho esto.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario